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Reforma migratoria merece ser mejor comprendida por los mexicanos y norteamericanos

Parece mentira que los esfuerzos recientes para aprobar una reforma general a las leyes de inmigración se vio obstaculizada de nuevo en el Congreso de los Estados Unidos. Una de las razones por las cuales un proyecto de esta gran magnitud fracasó fue por todas las malas interpretaciones que rodean el tema de inmigración. Nadie en Washington comprende la gran necesidad del Dream Act, de la “ley de la multa,” conocida como la 245(i), o una reforma inmigratoria general.

Por ejemplo, no se de donde salió el tema que 12 millones de personas indocumentadas viven en los Estados Unidos, cuando es imposible descifrar esta comunidad porque vive en el subsuelo económico y social. Si son 12 millones, la mitad son jovenes, lo cual quiere decir que los adultos no son una amenaza para el sector laboral norteamericano. Recuerdo que en 1986 el gobierno también utilizó una cifra exagerada de 6 millones, cuando en realidad solo aplicaron 3.3 millones de personas para el programa de legalización y el programa de agricultura.

Tampoco no se de donde salió la palabra “amnistía” porque ninguna ley relacionada a ese programa de legalización sugirió que era una amnistía para indocumentados que llegaron antes del 1 de enero de 1982. Por lo tanto, nunca hubo 6 millones de indocumentados, ni una ley que realmente fuera una amnistía, aunque estos dos mitos siguen interviniendo en el ambiente popular de los Estados de la actualidad.

No es sorpresa que el sistema migratorio de esta gran nación necesite una fuerte dosis de integridad, pero eso no va a suceder hasta que todos los bandos comiencen a decir la verdad. Históricamente, la migración de México a los Estados Unidos ha  causado que solamente el 25% de los mexicanos que vienen se queden en la unión americana, aunque la mitología de este momento, da la impresión que todos los mexicanos quieren salirse de México para integrarse a la sociedad norteamericana.

Y, mientras dicen que nos invaden los mexicanos, existe otro mito que dice, “que los norteamericanos no quieren, ni desean vivir en México,” aunque la realidad es otra, porque muchos norteamericanos se jubilan y al recibir su jubilación se mudan para vivir allá. No se cuántos norteamericanos viven en Mexico pero supongo que hay mas de lo que suponemos, ya que el gobierno mexicano siempre se hace el loco acerca de este tema mientras que aquí exageramos todo lo que tiene que ver con Mexico, especialmente lo malo.

Pocos están pensando que la población de los Estados Unidos está envejeciendo, mucho menos nosotros los viejos. Pocos han mencionado que esta población de “baby boomers” que nació después de 1940, viven otro tipo de existencia, y no están dispuestos a  ningún experimento social o legal, que nos traería una nueva reforma al sistema de inmigración.  Este sector de la población quiere cubrir al país con un manto de protección que nos aislaría geográfica e intelectualmente a los nuevos retos del mundo.

Desafortunadamente, nuestro ambiente está pasando por un proceso de globalización, cambios y hechos qué nos están llevando a una nueva era que es desconocida, en la cual tenemos y debemos pensar más en términos regionales y globales porque no existe manera de no mirar la televisión, Internet, o mucho menos decirle a nuestros hijos que no estén en comunicación con el mundo, aunque sea de manera electrónica.

Entre todas las impresiones falsas que van en contra de este movimiento global, es que nosotros los norteamericanos no necesitamos a los mexicanos, y México no nos necesita a nosotros, cuando es un hecho histórico que estamos unidos por un cordón u ombligo que se llama el Río Bravo o Río Grande, dependiendo en qué lado nacistes. Aunque los mexicanos y norteamericanos le dan un nombre distinto, el río es el mismo río. Y, la dependencia regional es mutua aunque nos encanta describirla como si fuera una debilidad o hasta una enfermedad. El hecho es que tenemos que depender el uno del otro.

Resultados positivos no van a suceder ni en Washington, ni en la Ciudad de México, hasta que nosotros en la comunidad, comencemos una conversación positiva que embarca una conciencia de que “nosotros somos todos americanos” en vez de decir “ellos, los mexicanos” y “ellos, los norteamericanos,” porque los intereses son los mismos. Bebemos del mismo río, respiramos el mismo aire, comemos de la misma tierra y el sol sale para todos. Por eso escribi la novela “The Path of Lord Jaguar” (El camino del Senor Jaguar) porque alguien tiene que decir la verdad.

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