Mensaje para todos los pueblos americanos

Nací en Venezuela en un pueblo llamado San Tomé, situado en la Mesa de Guanipa, en el oriente del país, Estado Anzoátegui, donde permanecí hasta cumplir los 10 años, mudándome  a Puerto La Cruz, una zona costera del mismo estado.  Allí viví hasta casi cumplir los 15 años. Estudié parte de mi secundaria en el Liceo Cajigal, hija de padre norteamericano y madre venezolana.  Durante mi corta permanencia, fui educada en ese ambiente venezolano, por el deseo de mi padre donde él era el inmigrante, condición que luego se aplicaría a mi madre, una vez residenciada en los Estados Unidos. 

Tal vez la condición migratoria de mis padres y de mi familia como tal fue determinante, para despertar en mí el interés por la temática de inmigración, muy especialmente el proceso de integración cultural que viven los inmigrantes en su proceso migratorio.

El 1ero de noviembre del 2010 cumplí 34 años como doctora en leyes en el estado de Texas, ejerciendo la especialización en derecho de inmigración y de nacionalidad por 22 años.  Por lo tanto, a través de todos estos años, he tenido el honor de inmigrar a miles de personas procedentes de todas partes de mundo, especialmente de México, y de tener contacto con indígenas tanto del norte como del sur.

En 1990, invité a indígenas apaches y comanches a Venezuela donde tuvieron la oportunidad de visitar a grupos indígenas de mi estado natal Anzoátegui.  Nueve años después, uno de estos apaches me llevó a una reunión en Brownsville, Texas, organizada por indígenas de la zona a la cual iban a asistir Mayas, Yaquis, y Otomís, quienes tuvieron problemas en la frontera porque varios no tenían ni pasaporte mexicano ni visa norteamericana.  Intervine con las autoridades norteamericanas para que los dejaran pasar, lo cual sucedió, y allí nació una amistad con varios indígenas de México, quienes me han llevado de la mano y me han enseñado mucho desde su trayectoria histórica hasta sus perspectivas espirituales.  Mi libro, “The Path of Lord Jaguar” (El camino del señor Jaguar) representa una dimensión de ese aprendizaje.  Aprovecho esta oportunidad para reconocer su ayuda y darles las gracias desde lo más profundo de mi corazón y espíritu.

Deseo enfatizar que, como producto tanto de Venezuela como de los Estados Unidos, y como abogada de inmigración, he aprendido que las fronteras entre países son una ficción y que, en realidad, en las Américas, estamos unidos por un cordón invisible que une a todos los corazones si tenemos la inclinación de ponernos en el lugar del otro.  Para los indígenas, quienes aman la tierra en que viven, esa tierra es la que contiene las sonrisas, carcajadas, dolor, y llantos de sus ancestros.  Ellos reclaman el océano de sus experiencias.  Honrando la tierra es que ellos se unen a las almas de sus ancestros, porque, así como ellos, la tierra canta, llora, habla, y respira.  Los indígenas siempre han visto al continente Americano como si fuera una sola casa ancestral, además del marco de relaciones familiares y amistades, también incorpora intercambios comerciales entre tribus, que existían desde mucho antes que la conquista europea.

En “The Path of Lord Jaguar,” que es la segunda parte de la bilogía compuesta entre éste y mi libro anterior, “The Song of the Goldencocks” (El canto de los gallos de oro) se encuentra nuevamente representada la contínua confrontación que mantenemos como sociedad y humanidad ante adversidades que previenen la unificación del continente Americano. En este libro hago referencia a un llamado de auto reflexión a los pueblos americanos que consiste en adquirir una madurez colectiva que nos haga comprender y tomar decisiones que sean auténticas y apropiadas según nuestras realidades locales.  Lo que impide este crecimiento es una mentalidad depredadora causando estragos y simplemente carente de conciencia social. No tan solo nos roba nuestra identidad nativa sino también nos contamina como sociedad.

Ante estas contracorrientes, el llamado sigue siendo el mismo, llamado que nos conduzca a la unión, con diferencia que esta vez, es una conciencia colectiva de carácter espiritual.  La metáfora de “The Path of Lord Jaguar” es basada en la mitología Maya-Yucateca que trata la idea del cordón umbilical que une a la humanidad con la otra dimensión. En este nivel de dimensión es donde radican los dioses Mayas. Según la leyenda Maya, este cordón volverá a fortalecerse en el 2012, resultando una vez más con la unión de las Américas.  Espero que sea una realidad porque la necesitamos.